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Cuando Jesús habla de la visión y de un mundo nuevo, no lo hace de la forma en que la mayoría de los seres humanos hablan del mundo nuevo. No está hablando de la visión del ego, como manifestar un mundo mejor o tener una visión para un mundo mejor. Jesús no está usando la visión en ese contexto en absoluto.

Para Jesús no existe una visión de futuro. Jesús no está visionando una utopía. No está hablando de un mundo utópico mejor organizado, donde hay un gobierno mundial donde todos se aman y no se pelean entre sí.

Ni siquiera está hablando de un mundo nuevo en términos de percepción en sí mismo. Él tiene su propio término para el mundo nuevo, el mundo real. Y dice, el mundo real no tiene tiendas interminables donde la gente compra cosas que ni siquiera necesitan y ni siquiera quieren. Él está diciendo que el mundo que percibes a través de tus cinco sentidos, el mundo que ves, debe ser negado, porque te está costando la visión de otro mundo. Y está hablando de un mundo que experimentas en tu mente, pero que no percibes a través de los cinco sentidos. Por lo tanto, puedes ver lo radical que es esto.

 

En el capítulo 31 de Un curso de milagros, Jesús dice: «O bien ves la carne o bien reconoces el espíritu» (UCDM, T-31.VI.1:1). No hay transigencia entre los dos. Si uno es real, el otro debe ser falso. Porque lo que es real, niega su contrario. No puede haber transigencia entre la carne y el espíritu. Y eso lo dijo también en la Biblia, lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es Espíritu. Realmente nos está enseñando en el Curso que, nuestra verdadera visión, la visión de Cristo, no es perceptiva. Así que no tenemos que tratar de imaginar un mundo con mejor aspecto. ¿No es eso bueno? Podemos dejar de intentar manifestar un mundo mejor en el futuro. Esto es muy importante.

Cuando realmente vamos hacia nuestro interior, podemos empezar a darnos cuenta de que tenemos una meta que es muy diferente de todas las metas mundanas. Por lo tanto, lleva un tiempo ajustarse a una meta presente. Porque todos nosotros hemos estado corriendo como un hámster en una rueda, persiguiendo metas futuras. Y esto no es lo que buscamos.

Jesús dice en el Curso que todo placer real procede de hacer la Voluntad de Dios. Dedicar y consagrar la vida al perdón desata abundante alegría y luz en la mente. Y de eso se trata nuestra vida, a realmente dedicar nuestro tiempo a este único propósito. A sus ojos, toda nuestra vida debe ser utilizada para la corrección, para la curación, y para recuperar la memoria de Dios, la cual reprimimos y suprimimos

 

¿Qué se necesita para obtener la visión, que Jesus quiere que recibamos, como regalo del Espíritu Santo?

«No puedes dejar a un lado los obstáculos que se interponen a la verdadera visión a menos que primero los observes, ya que dejarlos aun lado significa que has juzgado contra ellos. Si los examinas, el Espíritu Santo los juzgará, y los juzgará correctamente. Sin embargo, Él no puede eliminar con Su luz lo que tú mantienes oculto, pues tú no se lo has ofrecido y Él no puede quitártelo». (UCDM, T-12.II.9:6-8)

 

«Nos estamos embarcando, por lo tanto, en un programa muy bien organizado, debidamente estructurado y cuidadosamente planeado, que tiene por objeto aprender a entregarle al Espíritu Santo todo aquello que no desees. Él sabe qué hacer con ello. Tú, sin embargo, no sabes cómo valerte de Su conocimiento. Cualquier cosa que se le entregue que no sea de Dios, desaparece. No obstante, tú tienes que estar completamente dispuesto a examinar eso que le entregas, ya que de otro modo Su conocimiento no te servirá de nada. Él jamás dejará de prestarte ayuda, pues prestar ayuda es Su único propósito. ¿No es cierto acaso que tienes más razones para temer al mundo tal como lo percibes, que para mirar a la causa del miedo y abandonarla para siempres?» (UCDM, T-12.II.10:1-7)

 

Jesús se refiere constantemente a el Curso, como un plan de estudios. Pero no es sólo el libro en sí mismo como un plan de estudios, es en realidad todo nuestro viaje, toda nuestra vida. Esto realmente pone todo en perspectiva. Se trata de un programa organizado, bien estructurado y cuidadosamente planificado, diseñado por Jesús y el Espíritu Santo, para que miremos todo lo que no es cierto y se lo ofrezcamos de buen agrado, sin esconderlo y sin reprimirlo. Y eso se cura a través de la ofrenda.

 

¿Cómo se relaciona la visión de un mundo nuevo con el no complacer a la gente y no tener pensamientos privados?

Dios no conoce los pensamientos privados. Y el Espíritu Santo tiene la capacidad de hacer que desaparezcan. Si son ofrecidos libre y voluntariamente al Espíritu Santo, entonces se van. Pero el ser humano intenta ocultarlos, para mantenerlos inconscientes, secretos, protegidos. Trata de esconder los pensamientos de ataque, esconde los agravios, esconde el miedo, esconde la oscuridad. Y Jesus está diciendo, no, no, no, va por otro lado. El Espíritu Santo puede quitártelos si los ofreces libremente. Y por eso nos animamos a compartir los pensamientos privados.

¿Significa eso que tengo que compartir todos mis pensamientos privados?, ¿Con el Espíritu Santo? Sí. ¿Con tus amigos y vecinos? No. Habrá personas que el Espíritu Santo te enviará con las que sientas seguridad, con las que sientas un amor de protección, con las que te sientas seguro para dejar salir tu oscuridad. No significa que debas salir y derramar tus pensamientos privados sobre tu gato, tus padres, tus amigos, tus vecinos, el recolector de basura, el cartero, el cantinero. Por favor, no, no hagas eso. Solo tienes que estar dispuesto a entregarlos al Espíritu Santo. Y entonces se te enviarán los compañeros poderosos, que te darán la oportunidad de hablar en un contexto seguro para la liberación, la sanación.

Esto representa la voluntad de no esconder las cosas de ti mismo. La honestidad es la esencia. Todo este viaje es para que nos entreguemos a esta confianza, y dejemos de lado cada una de las agendas y los planes privados, los intereses privados, el querer agradar a la gente, el complacer, el aferrarse a los pensamientos privados.

Incluso leyendo esto te das cuenta de que estamos en buenas manos, de que hay un plan de estudios bien organizado, bien estructurado, dirigido a un objetivo que está destinado. No es algo que tengamos que descubrir. Jesús también dijo en alguna parte del Curso que el plan ya está establecido, y el plan no está hecho por ti. No necesitas conocer el plan. Pero sí necesitas asumir la parte que te toca aprender en cada momento. Esa es nuestra parte, es recibir realmente lo que está justo frente a nosotros como una lección de perdón, y estar dispuestos a aprender eso, estar dispuestos a mirar lo que estamos tratando de ocultar y proteger y estar dispuestos a ponerlo a un lado y dejar que el Espíritu lo juzgue por nosotros. Esa es realmente nuestra parte. Nos embarcamos en un programa organizado, bien estructurado y cuidadosamente planificado para aprender a ofrecer al Espíritu Santo todo lo que no se quiere.

No tener pensamientos privados y no complacer a la gente, es el núcleo para nuestra capacidad de practicar realmente el plan de estudios, por supuesto, en los milagros. Es central para nuestra aplicación práctica.

 

Al final, a Jesús no le interesa la forma de cómo se ven las cosas, pero si le interesa nuestra experiencia de cómo nos sentimos. Él quiere que seamos felices. Él quiere que estemos en paz y experimentemos la alegría que el experimento y Él es.

Hacer esto, va a requerir nuestra voluntad de realmente practicar esto, no solo leerlo, no solo hablar de ello. Sino, momento a momento, vivir nuestras vidas como si esto fuera lo más importante para nosotros; la práctica y la vida que se nos está ofreciendo. Y así es como nos estamos abriendo a la visión de un mundo nuevo. Lo estamos haciendo a través de la aplicación práctica de estas asombrosas enseñanzas de sanación.

 

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