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En Un curso de milagros, Jesús nos dice que no hagamos ninguna excepción en la práctica. Porque realmente es todo o nada, o ves o no ves en absoluto. No ves parcialmente; o tienes la visión, o estás atado a la percepción, la cual pareció suceder con la creencia en la separación. Y eso significa que el compromiso también tiene que ser total. Para recibir el regalo de la visión de Cristo, hay que utilizar todo para practicar el perdón.

 

Todo el problema de este mundo es únicamente uno de tiempo.

 

En la eternidad, no hay tiempo. Y esa es nuestra verdad. Esa es la realidad. No tenemos que preocuparnos por manifestar la realidad. La realidad es Dios. Dios es el creador de la realidad, la cual es eterna. Y este mundo definitivamente no lo es. No hay nada que dure para siempre en este mundo porque es un velo tendido sobre la luz de la verdad. Es temporal. 

En la lección 7 de Un curso de milagros, Jesús dice: «Sólo veo el pasado». En esta lección él nos está enseñando que lo que percibimos a través de nuestra percepción distorsionada y de los cinco sentidos es el pasado. No nos está enseñando que estamos percibiendo el presente. Está diciendo que ahora solo vemos el pasado. 

Y también nos lleva a una línea muy interesante en la lección 158 en la que dice: «El guion ya está escrito» (UCDM, E-158.4:3). Está diciendo: «ya está escrito». Ya se acabó. Estamos viendo la jornada en retrospectiva, imaginando que todavía la estamos emprendiendo. Pero se ha terminado. Se ha finalizado. El guion ya está escrito, se ha ido. 

¿Qué crees que estás viendo cuando estás viendo una película en el cine? Estás viendo el pasado. Literalmente, la película ya ha sido rodada, ya está en un carrete. Los fotogramas pasan de uno en uno, y la luz del proyector pasa a través de los fotogramas, y estás viendo literalmente algo que fue filmado previamente y estás reaccionando emocionalmente, como si todavía estuviera ocurriendo. Eso es lo que está pasando aquí. Y estamos yendo directamente hacia la profundidad a la cual Jesús no está llevando, nos está guiando a la visión. 

El guion ya está escrito. Es por eso que Jesús nos dice que no pensemos acerca del cuerpo, porque todas las decisiones sobre el cuerpo están dentro de la idea del tiempo. Es la mente la que necesita ser curada, la mente es la que necesita ser corregida. Y eso es en lo que nos centramos, nos centramos en la corrección, el perdón, en la oración y escuchar y seguir. Eso no involucra tomar decisiones en el tiempo. No estamos aquí para juzgar, esa es la función del Espíritu Santo. Tenemos que dejar que Él juzgue por nosotros. Nuestra mente no sirve para juzgar nada. Para realmente entregarnos a este viaje tenemos que dejar que Él nos guíe, porque el final es el cambio total de esta idea acerca del tiempo.

 

La experiencia, a diferencia de la visión, no se puede compartir de manera directa.

La lección 158 también dice: «Hoy aprendo a dar como recibo, ¿Qué se te ha dado? Se te ha dado el conocimiento de que eres una mente, de que te encuentras en una Mente y de que no eres sino mente, por siempre libre de pecado y totalmente exento de miedo al haber sido creado del Amor. No has abandonado tu Fuente, por lo tanto, sigues siendo tal como fuiste creado. Esto se te dio en forma de un conocimiento que no puedes perder. Ese conocimiento se le dio asimismo a todas las cosas vivientes, pues sólo mediante él viven.

Has recibido todo esto. No hay nadie en este mundo que no lo haya recibido. No es éste el conocimiento que tú transmites a otros, pues ése es el conocimiento que la creación dio. Nada de esto se puede aprender. ¿Qué es, pues, lo que vas a aprender a dar hoy? Nuestra lección de ayer evocó un tema que se expone al principio del texto. La experiencia, a diferencia de la visión, no se puede compartir de manera directa. La revelación de que el Padre y el Hijo son uno alboreará en toda mente a su debido tiempo. Sin embargo, ese momento lo determina la mente misma, pues es algo que no se puede enseñar». (UCDM, E-158.1:1–2:9)

Nos estamos abriendo a la visión un nuevo mundo. Y Jesús nos dice que la experiencia no puede ser compartida directamente de la manera en que la visión puede ser compartida. Lo que Jesús está diciendo es que la experiencia del despertar a Dios es únicamente para ti. En otras palabras, eso es entre tú y Dios. No vas a experimentar a Dios como un concepto. Es una experiencia y cuando ocurrirá ya ha sido establecido por la mente. Ya has decidido cuando vas a despertar. No recuerdas esto conscientemente. Pero la buena noticia es que ya has lo has decidido. No eres víctima de nada porque tú has decidido dormir y has decidido cuando vas a despertar. El momento ya se ha fijado en la mente. 

La experiencia no puede ser compartida de manera directa. Esto es importante porque es la razón por lo que nunca puedes herir los sentimientos de nadie. Esta es la razón por la que nunca has defraudado a nadie, nunca. Esta es la razón por la que nunca has hecho nada bueno o malo en este mundo. Porque la experiencia no se puede compartir directamente. Hablamos de las experiencias en este mundo como si hubiera algo que pudiéramos compartir con otro. Y muchas veces, cuando las personas dicen: «Quiero una pareja para toda la vida porque quiero a alguien con quien compartir mis experiencias vitales, vivir juntos bajo un mismo techo, compartir experiencias gastronómicas, compartir experiencias cinematográficas, envejecer juntos con el pelo blanco en un estanque dorado». Y Jesús dice, lo siento, las experiencias no se pueden compartir directamente. Estos son recuerdos personales y Dios no los creó. Así que la única experiencia que puedes tener, la cual es una experiencia real, es conocer a tu Creador. Por lo tanto, no tienes que preocuparte por tratar de manifestar o generar o averiguar cómo compartir experiencias, porque él nos está diciendo aquí mismo, que la experiencia no puede ser compartida directamente. ¿No es un alivio? ¿No has tenido alguna vez un sentimiento de alegría y te has sentido frustrado porque no podías compartirlo con otra persona? Y Jesús está diciendo, correcto, eso es porque no puedes. La experiencia es para ti. Es directamente para ti, y para nadie más, porque todos somos el mismo. Esa es una experiencia de conexión en tu mente, pero no es algo que tengas que averiguar cómo compartir en palabras. No tienes que convertirte en un evangelista y salir a la esquina de la calle a decir, ¡Ay de ustedes escribas! No tienes que hacer eso. Se trata de tu experiencia interna de alegría.

 «Ese momento ya ha sido fijado. Esto parece ser bastante arbitrario. No obstante, no hay nadie que dé ni un solo paso al azar a lo largo del camino. Todos lo han dado ya, aunque todavía no hayan emprendido la jornada. Pues el tiempo tan sólo da la impresión de que se mueve en una sola dirección. No hacemos sino emprender una jornada que ya terminó. No obstante, parece como si tuviera un futuro que todavía nos es desconocido.

El tiempo es un truco, un juego de manos, una gigantesca ilusión en la que las figuras parecen ir y venir como por arte de magia. El guion ya está escrito. El momento en el que ha de llegar la experiencia que pone fin a todas tus dudas ya se ha fijado. Pues la jornada solo se puede ver desde el punto donde termina, desde donde la podemos ver en retrospectiva, imaginarnos que la emprendemos otra vez y repasar mentalmente lo ocurrido». (UCDM, E-158.3:1–4:5)

Jesús nos está dando todos los secretos del ego. Desde una perspectiva temporal, parece que esta pequeña idea demente, este instante no santo, parece repetirse. Algunos de ustedes pueden tener esa sensación de que creer que ya han estado aquí antes. Y algunos de ustedes pueden incluso tener un sentimiento de haber estado aquí antes varias veces. Y básicamente Jesús está diciendo que el problema es la creencia en el tiempo. La creencia en el tiempo lineal. Y él comienza introduciendo en la lección número 7 la idea de que lo que estoy viendo ya ha finalizado. Necesitamos realmente asimilar eso. Tenemos que realmente asimilar que lo que estamos viendo ya se ha terminado, porque eso va a ser la clave para poder dejarlo ir. Si pensamos que todavía está sucediendo, vamos a tener todo tipo de preocupaciones, todo tipo de ansiedad, sobre un futuro hipotético. Si negamos que se ha finalizado, si negamos que se ha acabado, estamos yendo directamente hacia las manos del ego, porque esto va a generar mucha preocupación sobre el futuro. Y eso es a lo que las personas se están enfrentando, están teniendo un día bastante feliz, y luego miran su teléfono brevemente, reciben una noticia y piensan: «Oh, Dios mío, ¿qué va a pasar? ¿Puede ser peor?» Todo esto se basa en la creencia de que todavía está sucediendo. Tenemos que estar dispuestos a aceptar que es el pasado los que estamos viendo. Esa es la clave.

 

La visión, no obstante, se puede dar directamente.

 

«Un maestro no puede dar su experiencia, pues no es algo que él haya aprendido. Esta se reveló a sí misma a él en el momento señalado. La visión, no obstante, es su regalo. Esto él lo puede dar directamente, pues el conocimiento de Cristo no se ha perdido, toda vez que Él tiene una visión que puede otorgar a cualquiera que la solicite. La Voluntad del Padre y la Suya están unidas en el conocimiento. No obstante, hay una visión que el Espíritu Santo ve porque la mente de Cristo también la contempla.

Aquí el mundo de las dudas y de las sombras se unen con lo intangible. He aquí un lugar tranquilo en el mundo que ha sido santificado por el perdón y el amor. Aquí se reconcilian todas las contradicciones, pues aquí termina la jornada. La experiencia –que no se puede aprender, enseñar o ver- simplemente se encuentra ahí. Esto es algo que está más allá de nuestro objetivo, pues trasciende lo que es necesario lograr. Lo que nos interesa es la visión de Cristo. Esto sí que lo podemos alcanzar». (UCDM, E-158.5:1–6:7)

 Jesús está diciendo, ese es mi regalo para ti y puede ser compartido. Ese es el propósito de todo. Ese es el propósito de nuestra vida, dar el regalo que él nos da. Y esta visión puede ser compartida. Él no está diciendo que esta percepción puede ser compartida. No está diciendo que estos sueños puedan ser compartidos. No está diciendo que estos cuerpos puedan ser compartidos. Él tiene un don llamado Visión. Y eso es lo que quiere darnos. Él ya nos dijo que no podemos compartir la experiencia de Dios. Pero la visión es un regalo que puede ser compartido. Podemos hacer esto, podemos realmente compartir esto, es nuestro propósito compartir esto. Puede que no podamos compartir cuerpos, puede que no podamos compartir cuentas bancarias, puede que no podamos compartir hijos, puede que no podamos compartir una casa. Pero podemos compartir su visión, ¿ves lo importante que es esto? No puedes compartir las otras cosas. Es una alucinación. ¿Cómo vas a compartir una alucinación? ¿No es eso psicótico? ¿Intentar compartir una alucinación? Pero la visión de Cristo si es algo que se puede compartir. ¿No te alegra que ahora te digan lo único que puedes compartir? 

 

Algunos de ustedes han hecho las lecciones «Estoy decidido a ver», «Estoy decidido a ver las cosas de otra manera», «Por encima de todo quiero ver» y «Por encima de todo quiero ver las cosas de otra manera». En estas cuatro lecciones, estás determinado a ver, ¿Qué significa eso? Esa es la visión. Nos está llevando hacia la visión, animándonos a ver las cosas de forma diferente. Ver cosas más allá de los cinco sentidos, ver cosas más allá de la percepción distorsionada, más allá del tiempo y el espacio, incluso está diciendo que podemos hacerlo. Él ya lo hizo. Nos está dando este regalo. Ahora podemos probarlo. Si crees que tienes un enemigo, si crees que hay alguien en este mundo que realmente no te cae bien, piensa en él y pruébalo. 

La visión de Cristo no mira un cuerpo y lo confunde con el Hijo que Dios creó. No ve ninguna separación, y mira a todo el mundo o a todas las circunstancias, a todos los acontecimientos y a todos los eventos sin el más mínimo desvanecimiento de la luz en la que ve. Esto es exactamente de lo que Jesús está hablando, y esto puede ser enseñado y debe ser enseñado por todos los que desean lograr el objetivo del Curso. Se requiere el reconocimiento de que el mundo no puede ofrecer nada que pueda compararse en valor con esta visión, ni establecer una meta que no desaparezca una vez que esta visión se haya percibido. Y puedes dar esta visión hoy. No veas a nadie como cuerpo, salúdalo como el Hijo de Dios, reconociendo que es uno contigo en la santidad.

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